domingo, 9 de noviembre de 2008

Aire puro

Empieza aquí una sección dedicada a las excursiones. Hay muchos lugares en Catalunya y España que merece la pena visitar, y la mejor manera de descubrir sus secretos y de experimentar otro tipo de vida (para mí más sana), es hacer senderismo; excursiones con amigos o en familia, panorámicas o de interés cultural, relajadas o más exigentes; hay opciones para todas las épocas del año.

La historia que vais a leer está basada en una salida que hice con mis amigos el año pasado. Cualquier parecido de los personajes con la realidad... es cierto! Así que, ¡a caminar!

A pie por l'Anoia



Eran las 8 de la mañana de un día soleado. Nicolasa recogió a sus tres amigos en el todoterreno. Se disponían a iniciar un viaje que cambiaría por completo el curso de sus vidas... Uy, uy, uy, seamos realistas; aquello era una simple excursión que llevaban tiempo y tiempo planeando, y el coche no pasaba de ser un utilitario.
De camino, Nicolasa quiso enseñarles la ciudad de Manresa, y dio unas cuantas vueltas por sus calles, cosa que los demás interpretaron como falta de orientación para encontrar el camino de salida.
-¿Falta mucho?, -Me aburro... se oía quejarse a Eleuteria en el asiento trasero. Tomando el eix transversal, llegaron a la estación de Sant Pere Sallavinera, donde dejaron el coche. Josafat se ofreció a llevar las mochilas de las señoritas, pero ellas se negaron, alegando que podían cargar incluso con un jabalí.
Caminaron y caminaron hasta divisar su objetivo, el Castell de Boixadors y la iglesia de Sant Pere; el castillo era una fortaleza del siglo XI en obras de restauración, donde al parecer, se había iniciado la repoblación de la zona.
Continuaron por los senderos recogiendo margaritas y entonando canciones de su época de colegiales. A la hora del almuerzo, acamparon en un llano para reponer fuerzas. Inocencia bromeaba con Josafat, lanzándole unas bolitas de hierba que se enganchaban en su jersey de lana. Eleuteria ofrecía sus productos para protegerse del sol.
De camino al coche, Josafat hizo amistad con dos mujeres de cierta edad, que deslumbradas por su juventud, le hicieron creer que el atajo que él proponía era el correcto.
Y ya estaban de nuevo en la carretera. Por si todavía no conocían Manresa, Nicolasa hizo una parada allí para que pudieran merendar.
Al llegar a Barcelona, estaban rojos como tomates y casi no se tenían en pie, pero estaban contentos, aquél había sido un día especial, en el que habían compartido risas y habían hecho crecer su amistad.

sábado, 1 de noviembre de 2008

El encanto del Mediterráneo (segunda parte)

El viaje continuaba por el norte de la isla, recorriendo las playas y visitando los nuraghi, construcciones prehistóricas de piedra en forma de torre cónica. Como me gusta seguir los consejos de las guías y buscar lugares recomendados, intentamos encontrar los restos de un acueducto romano en Olbia; recorrimos la misma calle tres veces, dimos cuatro vueltas al mismo descampado y, cuando al cabo de tres días de búsqueda, por fin dimos con él, ¡mi novio se abrazó al conjunto de piedras como si hubiera encontrado un tesoro!

Las playas de Sardegna son preciosas. El agua es de un verde turquesa tan cristalino, que puedes ver los peces del fondo del mar. Como estábamos ya en el mes de octubre (qué placer hacer vacaciones cuando todos han vuelto ya!), a la tranquilidad del agua se sumaba la escasez de turistas en la costa, y eso permitía disfrutar mucho más del paisaje, y que las gaviotas se acercaran a la orilla sin miedo.

Apuntes de gastronomía.

La mejor pasta que he comido en Italia la probé en l’Alguer: spaghetti alle vongole, gnocchi ai funghi, penne all’arrabbiata. Este último plato tiene un nombre bastante apropiado, ¡enseguida te pones a rabiar de lo que pican! (llevan guindilla). Todavía recuerdo el escozor en la lengua y el paladar que aumentaba con cada bocado. En fin, se los tuvo que comer mi novio, que queriendo parecer un hombre duro, ni protestó. Y de postre, las deliciosas seadas, el dulce típico sardo, hecho de harina y huevo, relleno de queso y cubierto con miel. Buon appetito!

El encanto del Mediterráneo

Hace dos años viajé a la isla de Sardegna (Italia) con mi pareja. Era el viaje más largo que hacíamos juntos. Viajamos en avión hasta l’Alguer, una ciudad con pasado catalán y muy frecuentada desde que se inauguró la línea Girona-Alguer de Ryanair, según nos explicaron allí sus habitantes. La gente más mayor sigue hablando alguerés, aunque son ya pocas las familias que lo transmiten a sus hijos. Es muy curioso oír hablar alguerés, un dialecto del catalán con un fuerte acento italiano. Pero la influencia catalana sigue todavía presente en l’Alguer; por ejemplo, los rótulos de las calles están escritos en catalán: Les quatre cantonades, Lo portal nou; hay un trenino catalano, pintado de amarillo y rojo, que te lleva a recorrer las calles de esta ciudad; l’Òmnium Cultural de l’Alguer organiza cursos de catalán y actividades para fortalecer las relaciones entre els Països Catalans. Aquí os dejo la letra de una canción de Franca Masu, una cantante algueresa; hablando de viajes, la canción es del disco titulado El Meu Viatge.


L'alè

Què fas, què penseràs,
si aquesta nit t’adonaràs
de la mia despedida,sense un sospir,
sense un lament,
sense més dir-te adéu.

No cal abandonar
llit i llençols, sinó els teus ulls
que mai més sigaran iguals
damunt dels meus.

I en els meus dies que vengaran
seré una fulla
perduda en la mar sense fi,
perduda dins de mi,
besada per la mar tant dolçament.

Si dins la mia sang
viu la malenconia
que espavila els records,
ajuda’m a espantar-la,
forsis se n'anirà.

Ja sento l’alè
des dels meus ulls als llavis,
que em diu:
- abraça’m,
res ja no serà igual.