domingo, 1 de febrero de 2009

Look left!




Necesitaría días y demasiadas líneas en este blog para hablar de todo lo que vi en Londres, y eso que sólo estuvimos un fin de semana, pero como no quiero hacer una crónica exhaustiva ni tampoco aburriros os explicaré lo que más me gustó.
Lo primero por lo que me alegré es por el buen tiempo que hizo los dos días. Mis dos amigas estarán de acuerdo, aunque Irina tenía pensado comprarse unas botas de agua y pensó que qué mejor sitio que Londres para hacerlo…

El hotel era de estilo victoriano, pequeñito y enmoquetado hasta el techo (no hay nada menos higiénico, bueno sí, que el cuarto de baño también tenga moqueta, pero no era el caso), aunque cómodo y agradable, y situado en una zona tranquila y relativamente cerca del centro.



Yo no soy muy madrugadora pero reconozco que hay que espabilarse si se quiere visitar una ciudad como Londres en dos días, así que, Esther, gracias por “obligarme” a levantarme. El primer día fuimos al mercado de Portobello Road, una calle llena de puestos de fruta, plantas, antigüedades, ropa y tiendas de souvenirs con los típicos imanes en forma de autobús o de cabina telefónica. En uno de los puestos ¡hacían paella valenciana!, al estilo inglés me imagino. Y había una parada de muffins… en fin, ahí tenéis las fotos.





Me gustaría que en Barcelona hubiera parques como St. Jame's o Hyde Park, para ir los domingos a leer el periódico, hacer gimnasia o tomar el sol; como lo tomaban los londinenses en las hamacas que había por allí. Llegó un momento en que pensé que estábamos haciendo una excursión por el bosque ya que en una zona del parque la hierba tenía una altura considerable y además, parecía que nunca acabábamos de cruzarlo. ¡Realmente espectacular! El calor apretaba y mis dos amigas lucían orgullosas sus brazos aún morenos del verano.




En una calle de la zona de Picadilly hay un banco con dos estatuas de bronce que representan a Churchill y Roosevelt. Como yo ya tengo experiencia en hacer “amistad” con estos personajes inanimados (recordad mi viaje a Lisboa y a mi amigo Pessoa) me senté entre ellos (mis amigas dicen que en actitud cariñosa) para que me hicieran la foto.



Un lugar pintoresco de Londres es Neal’s Yard, una especie de plaza en la que desemboca un callejón, donde los edificios son de colores alegres; en una de estas casas hay una placa que recuerda que uno de los Monty Python vivió en ella durante un tiempo. Es un lugar donde siempre hay animación.





De los museos no vimos gran cosa, así que estamos obligadas a volver a Londres, ¿verdad chicas?, para una visita más cultural. Pero hay algunos que el verlos por fuera ya vale la pena, como el Museo de Historia Natural, cuyo imponente edificio nos recuerda a una catedral. Por cierto, los museos en Londres son gratis.



Aunque sea uno de los lugares más típicos y más fotografiados de la ciudad, tengo que decir que me gustó mucho el Tower Bridge, un puente levadizo cerca de la Torre de Londres. De lejos vimos como se levantaba, aunque hoy en día este hecho no se produce tantas veces como antiguamente. Le hice fotos a todas horas del día pero la mejor panorámica es cuando empieza a oscurecer y se encienden las luces del puente.



Cerca de allí hay un edificio que nos pareció muy original, y que nos costó cierto tiempo a Esther y a mí enterarnos de que se trataba del City Hall, la sede del ayuntamiento. Es un edificio en forma de casco de moto (es una descripción bastante personal), diseñado por Sir Norman Foster, del que Esther se volvió fan incondicional. Ah, y en la City también tienen un edificio en forma de “pepino”, ¡como nuestra torre Agbar!



Apuntes de gastronomía.
No podíamos estar en Londres y no probar el “plato típico”, el fish and chips, servido en todos los pubs de la ciudad. No es que sea una maravilla de la gastronomía pero si lo pillas con hambre y lo acompañas de una Guinness incluso está bueno. Pero el postre de ese día sí que valió la pena, y si no que se lo pregunten a Irina: un delicioso brownie con su heladito de vainilla y todo… Aquí os paso la receta, yo todavía no la he probado pero no tardaré mucho.


Bye bye!

martes, 13 de enero de 2009

La Expo del agua

No sé si viajar con la familia es bueno o malo, habrá opiniones para todos los gustos, lo que sí sé es que las cosas se viven de diferente manera si tus compañeros de viaje son tus amigos, tu pareja o tus padres. En esta ocasión compartí hotel con mi hermana y mi prima, además de los paseos turísticos y las típicas fotos. Y colas, porque en la expo las había, y largas.
Como mi padre es de buen convencer, nos dejó su coche para el viaje, confiando en recuperarlo tal como nos lo dejaba (como así fue, todo hay que decirlo). Alguna que otra discrepancia sobre la manera de conducir entre hermanas, pero en general el viaje fue tranquilo y sin retenciones (claro, la gente hacía cola ya en los pabellones…).

Lo del hotel, si se le puede llamar así, fue cosa de mi hermana, pero suerte tuvimos de encontrar algo en Zaragoza en esas fechas. Era una especie de dúplex en plan cutre, al cual mi prima consiguió dar un aire todavía más siniestro, al darse cuenta de que no se podía cerrar con llave por dentro y convencernos de que quizá no dormiríamos tranquilas. Por si acaso construyó una fortaleza delante de la puerta, con la ayuda de una silla y su maleta encima. Suerte que hay gente que aunque sea para tres días se lleva la casa a cuestas, porque con lo que pesaba la maleta dudo que algún ladrón hubiera tenido fuerza para entrar. En fin, que a pesar de los inconvenientes, como los colchones que se hundían, conseguimos dormir. Uno de los pabellones en los cuales me arrepentí de haber hecho cola, y me sabe mal decirlo, fue el de España. Lo único bueno que recuerdo es la botellita de agua desalinizada que daban al salir, y que se agradecía con el intenso calor del mes de julio. Demasiadas explicaciones sobre el ciclo del agua, en plan museo de la ciencia, y poca originalidad en la forma de tratar el tema. Y alguna zona del pabellón que no se podía visitar, todavía no sé por qué. El que sí me gustó fue el de Aragón. Para empezar, la espera era amenizada con una actuación de jotas; la vocación de los joteros es de admirar, ya que aguantar bajo el sol de mediodía vestidos con faja y cachirulo tiene mucho mérito. Dentro del pabellón, y entre una decoración de jardines y riachuelos, se podía ver un audiovisual sobre las tierras aragonesas dirigido por Carlos Saura.

También nos gustó mucho el pabellón de Japón en el que pasaban un video de animación, a partir de los grabados ukiyoe, sobre la vida en Tokio hace 200 años, mostrando el uso que en aquella época se hacía de los recursos naturales. Casi todo se reciclaba o reutilizaba, con lo cual el agua de los ríos se mantenía muy limpia, cosa bastante impensable hoy en día. Os puede interesar la web que os enlazo sobre este pabellón. Y no os perdáis la foto del letrero con normas para respetar en la cola. ¡La última es genial!
El día familiar iba bien hasta que perdimos a mi prima. Fue camino del espectáculo del iceberg. Como ella tiene tendencia a mirar y remirar todo cuanto se le presenta ante sus ojos, se entretuvo más de la cuenta en alguno de los pabellones, y mi hermana y yo no nos dimos cuenta. Así que vimos el espectáculo por separado. ¡Monísimos los pingüinos que saltaban al río desde lo alto del iceberg! Y después a buscarla entre la “poca” gente que había…
Agotadas después de un día de sol, calor y colas, nos fuimos a dormir al lujoso edificio que teníamos por alojamiento; al día siguiente visitamos Zaragoza (el Pilar, el tubo, cuando hay poco tiempo…).
Espero repetir viaje con ellas porque a pesar de las pequeñas discusiones lo pasé muy bien. ¿Y vosotras?


domingo, 21 de diciembre de 2008

La vileta regalada






Aquest article no parla d’un viatge, sinó de molts viatges, els que he fet, al llarg de la meva vida, a Nonasp, un poble de l’Aragó, concretament de la Franja, on va néixer la meva mare. Com molta gent que en el seu temps va haver de marxar de casa i buscar-se la vida a la ciutat, la meva mare ha estat sempre lligada al seu poble, on viuen la meva àvia, els meus tiets i els meus cosins. I ha transmès l’amor per Nonasp a les seves filles, per això cada any retornem al lloc on té les seves arrels. I així, poc a poc, el poble s’ha anat fent també una mica nostre, i encara que només sigui per dos o tres cops l’any, jo m’hi sento com a casa. Per cert que a Nonasp es parla el català, en una de les seves variants dialectals, lo nonaspí.

El poble és maco tant a l’estiu com a l’hivern, però no es gaudeix de la mateixa manera ja que a l’hivern són poques les hores que pots passar al carrer, pel fred que hi fa. A l’estiu podem gaudir de la piscina. El costum és anar-hi després de dinar, perquè si hi ha alguna cosa sagrada allà és l’hora de dinar: a la una en punt, tots a taula! Sobre les quatre de la tarda ja podem anar a fer un banyet. Però la piscina no ha existit sempre; fa anys, quan volíem refrescar-nos per fugir de la calor (que allà a l’estiu pica amb força) anàvem fins una part del riu on hi ha una gran roca i que s’anomena la roca del Saladar. Allà ho passàvem molt bé amb els meus cosins, jugant a llençar-nos a l’aigua, quan n’hi havia, perquè aquella zona del Bajo Aragón és bastant seca.

Una visita obligada és l’ermita del poble, dedicada a la Mare de Déu de les Dos Aigües, que juntament amb Sant Portomeu, és la patrona del poble. El nom de la Verge és degut a que Nonasp es troba entre dos rius: el Matarranya i l’Algars. Una placa a l’interior de l’ermita recorda les inundacions que van tenir lloc al segle XVIII a causa del desbordament d’aquests rius. El passeig cap a l’ermita és molt tranquil, i transcorre per un camí vorejat de pins i xiprers; al voltant d’ella hi ha un parc, molt ben cuidat des de fa uns anys. Quan érem petites, els meus pares ens portaven a recollir pinyons en aquella zona i els menjàvem allà mateix trencant la closca amb una pedra. Com enyoro aquells temps...

Fa poc vaig fer una excursió seguint l’Algars, fins a l’assut que hi ha en aquest riu. A la primavera i l’estiu aquest passeig és ple de vida; tot tipus de plantes i animalons et surten al pas. A la tornada pots remullar els peus cansats al riu, l’aigua és molt fresca i neta.

Per Nadal el poble es vesteix de llums i de música. A la plaça de lo Portal col·loquen un arbre ben gran i pels carrers de senten nadales. La nit del 24 de desembre fem cagar el tió. No hem deixat de fer-ho des que érem petits i ara que a la família hi tornen a haver nens la tradició continua. El dia de Nadal mengem la boníiiiiissima sopa de galets que prepara la meva àvia, amb mandonguilletes i ou dur. I per Sant Esteve els típics canelons. Ja estem quasi preparades per anar aquest Nadal cap a Nonasp i retrobar-nos amb la família!

Apunts de gastronomia.
La zona és rica en productes de la terra; des de la bresquilla de Maella, amb fira monogràfica i tot, fins a l’oli de Mequinensa, amb denominació d’origen. Pels amants dels dolços hi ha unes pastes típiques a Nonasp, són els panadons, fets amb farina i oli, i de cabell d'àngel per dins. I un vermut que fan a ca Freixa ideal per acompanyar els aperitius. I per aquestes festes, lo típic: polvorons i tarrons regats amb una bona mistela.

Bones festes!

domingo, 7 de diciembre de 2008

La aventura del Pedraforca

Día: 1 de noviembre de 2005.
Miembros de la expedición: Miguel, Garci, Silvia, Miguel, Carlos y Núria.
Lugar: montaña del Pedraforca, pico de 2.507 m en el Parc Natural del Cadí-Moixeró.
Duración: 6 interminables horas.
Estado de ánimo antes de la ascensión: ilusión y muchas ganas.
Estado final: agujetas, moretones y rasguños varios, aunque también alegría por el reto superado.

Estoy acostumbrada a hacer excursiones y salidas al campo y a la montaña, pero si antes de empezar ésta me llegan a decir el esfuerzo que supondría, quizá me lo hubiera pensado mejor. No obstante, no me arrepiento en absoluto de haber llegado a la cima de una de las montañas más emblemáticas de Catalunya, de haber compartido con amigos una experiencia de superación y solidaridad, y de haber comprobado que, a pesar del sedentarismo diario, estoy en buena forma física.

La excursión empezó en Santa Coloma, donde habíamos quedado en reunirnos todos. Repartidos en dos coches iniciamos el trayecto. Al llegar visitamos el mirador de Gresolet, desde donde hay unas vistas magníficas de la montaña. Allí pasamos un buen rato; no recuerdo muy bien si esperábamos que, con un poco de suerte, lloviera y hubiéramos de dar media vuelta (porque desde allí la cima se veía muuuy lejos) o si estábamos preparándonos mentalmente para la proeza. El caso es que no llovió, y empezamos a caminar.



El itinerario empezaba en el refugio Lluis Estasén y continuaba por el Coll del Verdet. Después de unas cuantas horas llegamos a la enforcadura, la cual da nombre a la montaña. Encontramos a un excursionista que iba solo (¡qué valor!). Desde ahí arriba las vistas ya eran espectaculares, y yo me preguntaba cómo íbamos a bajar todo lo que habíamos subido, si los pies ya empezaban a dolerme.


El paso siguiente fue subir hasta el Pollegó Inferior, conocido popularmente como… os lo podéis imaginar. Allí hicimos un pequeño descanso y nos planteamos la opción de subir o no al Pollegó Superior. Por unanimidad aprobamos la subida (cualquiera decía que no); que más daban ya unos metros más de frío y agotamiento…


¡Y llegamos a la cima! Lástima que no os pueda enseñar una foto que muestra lo que sentí allí arriba; pensé que todo aquel esfuerzo había valido la pena, aunque sólo fuera por el paisaje, y noté que el cansancio que hasta entonces me entorpecía se había quedado por el camino.



Pues nada, a bajar se ha dicho. El descenso lo hicimos por la tartera; creo que estuve más rato con el culo apoyado en las piedras que de pie, pero gracias a mis compañeros (más hábiles que yo, todo hay que decirlo), que a cada momento me recogían del suelo y me aconsejaban maneras de bajar mejor, llegamos a los pies de la montaña. Al pasar por el refugio empezó a hacerse de noche, y pensamos que un pequeño retraso durante la jornada habría hecho que la oscuridad nos pillara por el camino. Pero ya estaba hecho, y al día siguiente podríamos explicarlo en el trabajo.

Os recomiendo a todos la experiencia, y a los que formaron parte de la excursión, les propongo hacer otra, aunque si esta vez es por el Delta de l’Ebre, mucho mejor.