miércoles, 1 de diciembre de 2010

Viaje al hogar

Después de un paréntesis de tres años, vuelvo al barrio donde nací. Al mismo lugar pero a la vez a un lugar diferente, porque poco a poco descubro nuevos parajes, aunque quizá solamente me reencuentro con ellos en mi imaginación y mis recuerdos, porque supongo que siempre han estado ahí.

Vivo en una plaza donde la gente va y viene a cada minuto, y mi casa es de las últimas en perder los rayos del sol de la tarde. Aunque reconozco que no tenía intención de regresar al barrio, con el paso de los días esa plaza se va convirtiendo en “la plaza de mi pueblo”.

Si el sueño puede conmigo y salgo algo más tarde hacia el trabajo, coincido con los chicos que van al instituto de la plaza, al que yo también fui, y recuerdo esa época de mi vida. El otro día pasé por delante de la puerta de entrada y no pude evitar mirar hacia adentro, buscando una visión fugaz que me transportara a aquellos (difíciles) años.

En el barrio hay trozos de calle peatonal donde los vecinos aportan su toque personal, adornándolos con flores. Y a diez minutos está Montjuic, a donde suelo subir por unas escaleras que llevan directamente a la montaña. Y eso me hace recordar cuando el Espanyol aún jugaba en el Estadi Olímpic y mi padre y yo bajábamos por esas mismas escaleras hasta casa, a veces a oscuras!, y es que el ayuntamiento no se preocupaba demasiado de los accesos al campo los días de partido (sin que suene a crítica eh).

Y en esa montaña puedes encontrar montones de caminos por explorar, caminos que te llevan al Castillo, al
Jardín Botánico (gratuito el último domingo del mes), o a innumerables parques y jardines. Uno de ellos, el de Mossén Cinto Verdaguer, justo al lado del teleférico y del funicular, es un lugar ideal para pasar un mediodía haciendo un picnic junto al lago, buscando estratégicamente un lugar donde el sol aguante un rato antes de ocultarse tras los árboles. Incluso puedes coincidir con un grupo de tunos!, que te amenizan el aperitivo.

Podría contar muchos recuerdos de días pasados en ese barrio y esa montaña, pero uno de los más entrañables es cuando mi tía y mi abuela nos llevaban a mi hermana, mi prima y a mí al desaparecido parque de atracciones de Montjuic. Lo planeábamos unos días antes, y cuando el domingo amanecía nublado, no podía creer en nuestra mala suerte! Como siempre he sido muy impaciente con las cosas que me gustan, me fastidiaba bastante, aunque después me ilusionaba más cuando se despejaba y el sol salía por la tarde. Así que cogíamos el funicular y disfrutábamos de los espejos mágicos que te engordaban o te adelgazaban a su antojo.

Y aquí os dejo una foto de otro de los lugares emblemáticos del barrio que no necesita presentación, y que últimamente ha sido remodelado.


Mi barrio vuelve a ser mi barrio, y me pierdo por sus calles buscando algo que lo haga cada día más especial.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Una visita als veïns

Dissabte vaig anar al Camp Nou i potser algú es preguntarà perquè escric un article sobre un esdeveniment a la meva ciutat, si el blog parla de viatges; i la veritat és que no vaig anar gaire lluny; el que passa és que com que algú va definir el partit com un "derbi metropolità" vaig sentir que el fet d'anar a veure jugar l'Espanyol al camp de l'enemic representava un llarg viatge; i és que qui no ha sentit parlar de la proposta de l'AVE Cornellà-Barcelona per fer més curtes les distàncies?

Bromes a banda, i sense jutjar infantilismes d'un i altre president, diré que la tarda va tenir bastanta emoció; entrar a un estadi amb més de vuitanta mil persones impressiona; això no vol dir que no m'emocioni quan vaig a l'estadi de Cornellá, el que passa és que tal concentració de periquitos en un camp de futbol és molt més improbable. Culers drets taralejant l'himne, oferiment de la Pilota d'Or a l'afició, tot molt emotiu, tant, que per un moment vaig oblidar que em trobava en camp contrari i em vaig deixar portar per la màgia del futbol, capaç de fer-me oblidar mals rollos i responsabilitats durant una estona. Ni tan sols el resultat, per una banda previsible però bastant més pobre del que alguns voldrien, em va fer esborrar el somriure que em provocava passar una tarda amb els amics. L'únic que vaig trobar a faltar va ser sentir més càntics per animar l'equip, d'això els espanyolistes en sabem bastant més; allò semblava més una òpera que un partit de futbol, però ja m'ho havien dit els meus amics abans de començar el partit: benvinguda al Liceu!

L'Espanyol va fer un bon partit, amb una primera part més defensiva i un segon temps més intens on va fer patir al Barça. I el penal va ser injust?, dubtós?; en un univers paral.lel on existeixen totes les possibilitats a la vegada, Xavi no hauria caigut; misteris de la física quàntica...

I és que de vegades va bé mirar-se les coses des d'un altre punt de vista; qui pot dir amb certesa, tret dels jugadors que les provoquen i els que les pateixen, si una falta ho és realment? Tot depén dels colors de la samarreta amb que te la miris; la mateixa entrada que els aficionats blaugranes fan veure que no ha existit, jo la protestaria sense pensar-m'ho si li fessin a Tamudo o Callejón.

A estones em sentia sola i impotent davant de certs comentaris sobre "baixar" no sé a on, però en general vaig gaudir de l'espectacle de tots dos equips, i vaig desitjar als últims minuts que un gol blanquiblau espatllés la festa als locals; tot això amb respecte és clar, perquè també és just admetre que vaig poder lluir tranquil·lament els meus colors sense que ningú em digués res.

Evidentment que no vaig guanyar la porra amb els meus companys de feina, què em pensava! No puc esperar ni tan sols que algú em convidi a unes bravas, perquè ni els culers es van atrevir a pensar en un resultat tan ajustat i amb tant pocs gols del Barça. Però què hi farem, això és el futbol!

domingo, 1 de noviembre de 2009

Tudo isto é fado

No he vuelto a Lisboa desde mis vacaciones del año pasado, al menos físicamente, pero sí podría decir que viajé a través de mis recuerdos a esta gran ciudad gracias a un concierto en l'Auditori. El espectáculo en cuestión era la presentación de un disco homenaje a Amália Rodrigues, por parte de un grupo llamado Névoa (niebla en portugués). El grupo, compuesto por cuatro músicos y una vocalista, ha versionado temas de la gran cantadeira de fados, dándoles un toque de jazz, lo cual, en mi modesta opinión, no le resta ni una pizca de emoción a esta música nacida en las tabernas de Lisboa.
Y entre fado y fado, trozos de entrevistas a Amália, comentadas por la cantante, que supo darle al concierto un estilo dinámico y espontáneo.
Os recomiendo escuchar un disco de fados, porque a pesar de que la mayoría hablan de melancolía y fatalismo, la fuerza con que son cantados hace que te lleguen al alma.
Fue una decisión de última hora el asistir al concierto, pero sentí que completaba así un viaje a tierras lusas, en el que, unos días por falta de tiempo, otros (los más) por agotamiento, no disfruté, como me habría gustado, de la auténtica noche portuguesa.

martes, 25 de agosto de 2009

Soria pura

Caminando por las calles de Soria imaginaba a Antonio y Leonor cogidos de la mano, paseando su amor por entre los restos del románico, o recorriendo el camino que, a lo largo del Duero, lleva hasta San Saturio.

Machado conoció a Leonor en esta hermosa ciudad, tan apacible como las aguas del río que la bañan. Hija de la dueña de la pensión donde el poeta se alojaba, mientras ejercía de catedrático en el Instituto de Soria, Leonor se convirtió en su gran amor, causándole una gran desesperación cuando la enfermedad se la llevó a los pocos años de casados. Y así Machado se enamoró de Soria (y Soria de Machado, como demuestran los innumerables versos escritos en letreros y fachadas), y le cantó en sus Campos de Castilla, guardándola en su interior para el resto de sus días; y quizá admirada por esas bellas frases de homenaje a Soria, yo también guardaré siempre una parte de ella (aunque me ahorraré lo de dedicarle unos versos).

La belleza y tranquilidad de Soria se sienten mientras paseas por sus calles empedradas, que a primera hora de la tarde, no han sido invadidas todavía por los turistas (en su mayoría españoles), y por las que descubres hermosos palacios e iglesias, como la concatedral de San Pedro, que hasta hace 50 años era una colegiata.


Hay bonitos parques donde tumbarse al atardecer, como el de la Alameda de Cervantes; especialmente bonito es el del Castillo, donde una pequeña piscina municipal comparte escenario con los restos de la fortaleza, y desde donde se divisa a lo lejos el estadio del Numancia, del que guardo un buen recuerdo, aunque no sacáramos una buena puntuación la pasada temporada.


Imponente sobre la roca se alza la ermita de San Saturio, patrón de la ciudad, de estilo barroco, donde no se ofician misas, pero sí puede disfrutarse en las noches de verano de conciertos en la cueva de la entrada.

Y bordeando el Duero hacia el otro lado se descubren restos de la antigua muralla, y justo enfrente, los Arcos de San Juan de Duero. Gustavo Adolfo Bécquer, atraído también por la fuerza de los paisajes de Soria, se inspiró en una colina cercana a este claustro para escribir una de sus leyendas, El Monte de las Ánimas.

Difícil quedarse con uno solo de los poemas con los que éstos y otros muchos escritores obsequiaron a esta tierra, quizá la más pobre y austera de Castilla, y a su gente, pero os dejo unos versos de Machado que espero os lleguen al corazón.

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.
Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

Apuntes de gastronomía.

Ya en el aspecto menos cultural, aunque sí más apetitoso, recomiendo saciar la sed en uno de los numerosos bares de las dos plazas más concurridas de la ciudad, mientras probáis los tradicionales torreznos, crujientes tiras de tocino frito. Y si queréis llevaros algo típico del lugar, la mantequilla de Soria ya cuenta con Denominación de Origen. Y ya en plan dulce, empiñonados, roscos y sobadillos harán las delicias de los más golosos. Como buena aficionada a los vinos (no sólo a beberlos sino también a conocerlos) no olvidaré los Ribera del Duero propios de la zona, aunque con su merecida fama, sobra mencionarlos. Y en el próximo capítulo, ¡el cochinillo de Segovia!