lunes, 22 de agosto de 2011

A mi abuela

El último viaje a Nonaspe fue triste. Se murió mi abuela, y en lo único que podía pensar mientras iba en el coche era en que ya la echaba de menos.

A mi abuela le gustaba el fútbol y como buena aficionada al Zaragoza, no se perdía los partidos que televisaban. Y era entrañable oírla hablar sobre qué mal juagaba éste o tal otro, o de cómo de injusto era que Barça y Madrid se llevaran siempre los títulos.

Yo la veía pocos días al año, pero siempre pensaba en ella con cariño. El año pasado empecé a escribir sobre el viaje a Nonaspe del verano, pero lo dejé a medias. La anécdota curiosa de ese viaje fue que mi madre y yo llevamos a mi abuela en la silla de ruedas hasta la ermita del río. Fue muy divertido, además de pesado, ya que en la subida desde la ermita por la carretera nos costó bastante empujar la silla! Pero creo que mi abuela también lo pasó bien ese día.

En Navidad también vamos al pueblo y mi madre siempre le compraba algo de ropa para regalársela en el Tió. Con la llegada de las niñas a la familia, esta tradición se volvió todavía más divertida, y eso que nunca habíamos dejado de hacerlo y de reírnos todos mientras sacábamos paquetes, incluso cuando mis primos y nosotras ya éramos mayores.

Y en las comidas familiares mi abuela siempre estaba la primera en la mesa, aunque tardaba bastante en llegar por el pasillo con el bastón; recuerdo cómo nos reíamos con ella porque obstaculizaba el paso hasta el comedor y teníamos que ir haciendo cola unos detrás de otros hasta que llegaba!

A mi abuela le gustaba mucho leer y pasaba horas jugando al solitario, nos enseñó más de un juego de cartas que todavía recuerdo.

Cuando alguien a quien quieres se va, los recuerdos sólo pueden ser buenos, y uno de los más bonitos fue lo orgullosa que me sentí viendo como mi madre y mi tía cuidaban tan bien de ella cuando ya estaba enferma.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Viaje al hogar

Después de un paréntesis de tres años, vuelvo al barrio donde nací. Al mismo lugar pero a la vez a un lugar diferente, porque poco a poco descubro nuevos parajes, aunque quizá solamente me reencuentro con ellos en mi imaginación y mis recuerdos, porque supongo que siempre han estado ahí.

Vivo en una plaza donde la gente va y viene a cada minuto, y mi casa es de las últimas en perder los rayos del sol de la tarde. Aunque reconozco que no tenía intención de regresar al barrio, con el paso de los días esa plaza se va convirtiendo en “la plaza de mi pueblo”.

Si el sueño puede conmigo y salgo algo más tarde hacia el trabajo, coincido con los chicos que van al instituto de la plaza, al que yo también fui, y recuerdo esa época de mi vida. El otro día pasé por delante de la puerta de entrada y no pude evitar mirar hacia adentro, buscando una visión fugaz que me transportara a aquellos (difíciles) años.

En el barrio hay trozos de calle peatonal donde los vecinos aportan su toque personal, adornándolos con flores. Y a diez minutos está Montjuic, a donde suelo subir por unas escaleras que llevan directamente a la montaña. Y eso me hace recordar cuando el Espanyol aún jugaba en el Estadi Olímpic y mi padre y yo bajábamos por esas mismas escaleras hasta casa, a veces a oscuras!, y es que el ayuntamiento no se preocupaba demasiado de los accesos al campo los días de partido (sin que suene a crítica eh).

Y en esa montaña puedes encontrar montones de caminos por explorar, caminos que te llevan al Castillo, al
Jardín Botánico (gratuito el último domingo del mes), o a innumerables parques y jardines. Uno de ellos, el de Mossén Cinto Verdaguer, justo al lado del teleférico y del funicular, es un lugar ideal para pasar un mediodía haciendo un picnic junto al lago, buscando estratégicamente un lugar donde el sol aguante un rato antes de ocultarse tras los árboles. Incluso puedes coincidir con un grupo de tunos!, que te amenizan el aperitivo.

Podría contar muchos recuerdos de días pasados en ese barrio y esa montaña, pero uno de los más entrañables es cuando mi tía y mi abuela nos llevaban a mi hermana, mi prima y a mí al desaparecido parque de atracciones de Montjuic. Lo planeábamos unos días antes, y cuando el domingo amanecía nublado, no podía creer en nuestra mala suerte! Como siempre he sido muy impaciente con las cosas que me gustan, me fastidiaba bastante, aunque después me ilusionaba más cuando se despejaba y el sol salía por la tarde. Así que cogíamos el funicular y disfrutábamos de los espejos mágicos que te engordaban o te adelgazaban a su antojo.

Y aquí os dejo una foto de otro de los lugares emblemáticos del barrio que no necesita presentación, y que últimamente ha sido remodelado.


Mi barrio vuelve a ser mi barrio, y me pierdo por sus calles buscando algo que lo haga cada día más especial.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Una visita als veïns

Dissabte vaig anar al Camp Nou i potser algú es preguntarà perquè escric un article sobre un esdeveniment a la meva ciutat, si el blog parla de viatges; i la veritat és que no vaig anar gaire lluny; el que passa és que com que algú va definir el partit com un "derbi metropolità" vaig sentir que el fet d'anar a veure jugar l'Espanyol al camp de l'enemic representava un llarg viatge; i és que qui no ha sentit parlar de la proposta de l'AVE Cornellà-Barcelona per fer més curtes les distàncies?

Bromes a banda, i sense jutjar infantilismes d'un i altre president, diré que la tarda va tenir bastanta emoció; entrar a un estadi amb més de vuitanta mil persones impressiona; això no vol dir que no m'emocioni quan vaig a l'estadi de Cornellá, el que passa és que tal concentració de periquitos en un camp de futbol és molt més improbable. Culers drets taralejant l'himne, oferiment de la Pilota d'Or a l'afició, tot molt emotiu, tant, que per un moment vaig oblidar que em trobava en camp contrari i em vaig deixar portar per la màgia del futbol, capaç de fer-me oblidar mals rollos i responsabilitats durant una estona. Ni tan sols el resultat, per una banda previsible però bastant més pobre del que alguns voldrien, em va fer esborrar el somriure que em provocava passar una tarda amb els amics. L'únic que vaig trobar a faltar va ser sentir més càntics per animar l'equip, d'això els espanyolistes en sabem bastant més; allò semblava més una òpera que un partit de futbol, però ja m'ho havien dit els meus amics abans de començar el partit: benvinguda al Liceu!

L'Espanyol va fer un bon partit, amb una primera part més defensiva i un segon temps més intens on va fer patir al Barça. I el penal va ser injust?, dubtós?; en un univers paral.lel on existeixen totes les possibilitats a la vegada, Xavi no hauria caigut; misteris de la física quàntica...

I és que de vegades va bé mirar-se les coses des d'un altre punt de vista; qui pot dir amb certesa, tret dels jugadors que les provoquen i els que les pateixen, si una falta ho és realment? Tot depén dels colors de la samarreta amb que te la miris; la mateixa entrada que els aficionats blaugranes fan veure que no ha existit, jo la protestaria sense pensar-m'ho si li fessin a Tamudo o Callejón.

A estones em sentia sola i impotent davant de certs comentaris sobre "baixar" no sé a on, però en general vaig gaudir de l'espectacle de tots dos equips, i vaig desitjar als últims minuts que un gol blanquiblau espatllés la festa als locals; tot això amb respecte és clar, perquè també és just admetre que vaig poder lluir tranquil·lament els meus colors sense que ningú em digués res.

Evidentment que no vaig guanyar la porra amb els meus companys de feina, què em pensava! No puc esperar ni tan sols que algú em convidi a unes bravas, perquè ni els culers es van atrevir a pensar en un resultat tan ajustat i amb tant pocs gols del Barça. Però què hi farem, això és el futbol!

domingo, 1 de noviembre de 2009

Tudo isto é fado

No he vuelto a Lisboa desde mis vacaciones del año pasado, al menos físicamente, pero sí podría decir que viajé a través de mis recuerdos a esta gran ciudad gracias a un concierto en l'Auditori. El espectáculo en cuestión era la presentación de un disco homenaje a Amália Rodrigues, por parte de un grupo llamado Névoa (niebla en portugués). El grupo, compuesto por cuatro músicos y una vocalista, ha versionado temas de la gran cantadeira de fados, dándoles un toque de jazz, lo cual, en mi modesta opinión, no le resta ni una pizca de emoción a esta música nacida en las tabernas de Lisboa.
Y entre fado y fado, trozos de entrevistas a Amália, comentadas por la cantante, que supo darle al concierto un estilo dinámico y espontáneo.
Os recomiendo escuchar un disco de fados, porque a pesar de que la mayoría hablan de melancolía y fatalismo, la fuerza con que son cantados hace que te lleguen al alma.
Fue una decisión de última hora el asistir al concierto, pero sentí que completaba así un viaje a tierras lusas, en el que, unos días por falta de tiempo, otros (los más) por agotamiento, no disfruté, como me habría gustado, de la auténtica noche portuguesa.